martes, 26 de junio de 2012

Lectura: Calidad vs Cantidad


En estos días se me acercó un vendedor que insistía en que le diese veinte minutos de mi tiempo para que me explicara sobre su método de lectura rápida. Me prometió leer no sé cuántas mil palabras por minuto. Algo así como un mínimo de cien libros al mes. Una cifra de esas estilo los comerciales de televisión que prometen que con sólo comprar un aparato de abdominales uno va a tener el uniforme de Batman en la playa, sin necesidad de ponerse el traje de neopreno. 

El caso es que me dejó pensando sobre la cantidad. Conozco mucha gene que se jacta de leer un libro a la semana. Que no ha terminado de salir un libro al mercado cuando ya te están preguntando si lo leíste. Entre lectores, o gente que le gusta hacer alarde de la lectura hay competencia en cuanto a la cantidad. 

Y digo gente que le gusta hacer alarde de la lectura, porque muchas veces estos no son lectores. Gente que está compitiendo para decirle al mundo que ha leído cuarenta libros en un mes, o que ya ha leído todo lo que publicó tal editorial como novedades este verano, ciertamente no son lectores. 

Vale más leer un libro en un año y digerirlo, comprenderlo, sacar algún tipo de crecimiento personal de él, que leerse cinco libros en una semana y a la siguiente no poder recordar cuál era el protagonista de ninguno, ni qué hicieron, ni mucho menos haber sacado una conclusión profunda.

La lectura es un acto de creación. En la medida que el lector interioriza lo que lee y piensa sobre ello, está creando. No en vano se dice que parte del trabajo lo hace el escritor, la otra parte el lector. Sin lector no hay libro. Y para ser lector hay que digerir sobre ello. Hay que pensar. Hacerse preguntas. Eso no quiere decir que si uno no recuerda hasta el más mínimo detalle de cada obra que ha leído la debería tachar de su haber literario. Mucho de lo que uno lee queda en el subconsciente, siempre y cuando se reflexione sobre lo leído. 

Si uno es un lector de esos que necesita de vez en cuando releer un par de páginas, si estás leyendo una obra y de pronto sientes que tienes que volver porque no recuerdas, Fulana era la hija de…o en qué año es que estaba pasando tal cosa…no tiene nada malo. Al contrario. Los libros hay que digerirlos, saborearlos. 

Acumular libros, como si uno fuera una especie de lista de Itunes no tiene sentido. Los libros hay que vivirlos. Y si se puede comentarlos. Es mucho mejor. Algo que ayuda mucho es la bitácora de lectura que estamos desarrollando, porque en la medida que uno anota comentarios y frases que le han gustado uno piensa mucho más sobre lo que ha leído. 

En la lectura, la calidad siempre le ganará a la cantidad. Creo que hay pocas cosas en el mundo que no cumplan esa regla. 

1 comentario:

  1. Manuela, comparto contigo lo del disfrute pleno de un buen libro, hasta comprenderlo y recrearlo en nuestra vida. Sin embargo, la variedad de lectura es necesaria, no solo para una mente ávida de nuevas experiencias, cuanto para un cerebro que requiere también de estímulos varios, que lo harán descansar (si, la variedad distensiona las neuronas) y generar nuevas formas, más creativas y lúdicas, de ver las cosas.

    Carlos

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