viernes, 19 de abril de 2013
¿Por qué los pájaros azules no comen hormigas? De: Jairo Anibal Niño
jueves, 18 de abril de 2013
Libros para los 5 años
martes, 19 de junio de 2012
¿Qué vas a leer este verano?
lunes, 11 de junio de 2012
Los Primeros Libreros
jueves, 7 de junio de 2012
Regala Libros
Hacemos recomendaciones sobre libros para regalar y buscamos opciones que te ayuden a hacer un regalo significativo y de distintos rangos de precio. Un libro es un verdadero tesoro y no hay nada más especial que ayudar a una persona a ir conformando su biblioteca personal.
Hasta el 15 de junio estaremos incluyendo una bitácora de lectura de regalo, para que el cumpleañero pueda llevar un registro de los libros que va leyendo y así ir armando su biografía de lector.
Para mayor información y compras: elperronaranja@gmail.com
lunes, 28 de mayo de 2012
Siete Ratones Ciegos de Ed Yong
martes, 22 de mayo de 2012
Taller Decálogo del Niño Lector
martes, 20 de marzo de 2012
Niños en un museo: Una pérdida de tiempo
Llevar a los niños a un museo es una mala idea. Más de una vez se ha visto a un par de adultos con sus retoño a cuestas, con el coche, la pañalera, la lonchera y una bolsa de juguetes. Intentando mantener a un niño entretenido mientras ellos tratan de absorber algo de cultura y ver obras de arte, o hasta escuchar la detallada explicación de un guía que le da sentido a todo lo que tienen por delante.
Entonces uno que los ve se molesta, los ve con cara odio, de “aquí no deberías estar” como quien ve un perro en una iglesia, y se lamenta de que haya gente inconsciente que no es capaz de entender que los museos, que el arte, no es para niños. Para ellos hay otras actividades. El arte es serio. Es para adultos.
Afortunadamente a mí no me criaron de esa forma. Siempre me llevaron a museos. Desde que tengo uso de razón. Tanto así que realmente no puedo recordar cuál fue mi primera vez.
Ir a museos con mi papá era algo natural. Además de algo divertido. Claro que uno cuando es pequeño siempre tiene otros intereses. Jugar es jugar. Pero ir a museos con mi papá era algo que compartíamos, que hacíamos juntos, significaba que íbamos a estar un rato paseando, a veces solos, otras también con mi mamá y que además iba a escuchar historias fabulosas, de animales, de castillos, de princesas, de cuanto personaje pudiera imaginar. Todo dependía de qué había colgado en la pared, o que estaba exhibido en el museo.
Amo la cultura, porque nunca me la pusieron en un pedestal inalcanzable. Pero sobre todo, jamás la vi como algo aburrido, porque mis padres no me lo hicieron aburrido. Nunca me llevaron al tour donde la explicación efectivamente era demasiado larga y abstracta para mí. Siempre se adaptaron a mi edad, y buscaron la forma de que yo encontrase entretenido lo que estaba viendo.
Recuerdo que luego a los quince años me mandaron en un tour de quinceañeras y para mí fue muy emocionante ir sola a los museos. Poco a poco ir descubriendo el arte de una forma un poco más adulta. Reconociendo cosas que habíamos visto, y que habíamos estudiado juntos, historias que me habían contado. No se hizo para nada aburrido, ni maldecí la visita al museo por estar pendiente de escuchar música. Mis papá se encargaron de acercarme la cultura, al igual que lo hicieron un par de maestros a quien les estaré agradecida toda la vida.
Conozco muchos adultos que se aburren más que los niños en museos. Que les da flojera leer. Que aborrecen un concierto clásico. Y efectivamente son las típicas personas que te dicen que “llevar un niño a un museo es una pérdida de tiempo.” No los juzgo. Si no lo has vivido no lo entiendes, pero quisiera pedirles que se den la oportunidad para compartir con sus hijos.
Buscar una exposición local y llevar al niño, por pequeño que sea y contarle una historia sobre el cuadro, fotografía o estatua. Ponerle un concierto en la tele y decirle con emoción “¡Mira! ¡Eso es un violín!” Seguramente el niño no escuchará el concierto completo ni dirá algo como “Si, la verdad es que Mahler hay que escucharlo en el teatro donde se aprecia mejor la acústica.” Eso no es disfrutar y saber de arte. El niño va a mirar atento, va a tratar de entender la reacción del padre y sólo por el hecho de verle entusiasmado y de darse cuenta de que le están incluyendo en una actividad se va a emocionar. La próxima vez que vea un concierto en la tele intentará buscar el violín y será el momento para decirle “¡Mira, ese gigante es el trombón!” Hasta se le puede contar una historia, de cómo el violín y el trombón se volvieron amigos, y juntos hacen música. Se puede hablar de la familia de la orquesta, del papá director, de los hijos gordos como el contrabajo y de la niña consentida de la familia que es el harpa.
Cada vez son más los estudios que comprueban la efectividad del arte y la cultura en la educación. Hay mil formas de acercar a los niños a la cultura. Y un niño que se acerca a la cultura, que lee con sus padres, que los acompaña a lugares como museos y exposiciones se convierte en un hijo de su tiempo. Desarrolla sensibilidad y es más fácil educarlo en valores. Al final del día, el arte transmite esa esencia de lo que es el ser humano, algo que es tan etéreo y casi imposible de comunicar con palabras.
Sobre todo compartir el arte es algo que nos ayuda a crear recuerdos, a compartir, incluso da pie para hablar de temas difíciles como el sexo en la adolescencia, la violencia, y hasta sentimientos como la rabia y la soledad.
Así que compartir arte con los hijos no es perder el tiempo. Lo certifico, la mía tiene dos y medio. Hace unos meses fuimos una exposición que había en el taller de Roberto Mata con fotografías de animales, y gozó mientras iba identificando jirafas y elefantes. Yo disfrutaba de las fotos y compartía con ella.
Poco a poco convertiremos esos paseos en nuestro ritual. Y cuando ella necesite un refugio, para mí va a ser mucho más fácil ofrecérselo. No hay que olvidar que el amor por el arte, como cualquier amor no tiene horario, ni fecha en el calendario.
miércoles, 14 de marzo de 2012
Recomendamos: Sapo Enamorado de Max Velthuijs

Sapo no sabe qué le pasa. Tiene el corazón acelerado. Le late tun-tun. Va preguntando a sus amigos, intentando buscar una respuesta, hasta que le dicen “sapo, estás enamorado.” Entonces se da cuenta que se siente así porque ama. Ama de verdad. Con nervios. Con emoción. Pero sobretodo sin miedo y con muchas ganas de entregarse.
Es entonces cuando Velthuijs nos hace testigos de una de las declaraciones de amor más bellas de la literatura. Aquella en la que Sapo le dice a Pata que la ama. Él un sapo verde, sin siquiera pararse a pensar un momento en las diferencias de color, de especie, de intereses y habilidades que los separan recurre a las estrategias de cualquier enamorado para conquistar al objeto de su afecto.
Max Velthuijs logra captar las ideas más profundas de la forma más sencilla. Nos da lecciones, que no son necesariamente lecciones a modo de ente moralizador, sino más bien como algo que llega a eso que nos hace humanos, que nos moviliza como personas. Velthijs se plantea las preguntas más importantes del ser humano. ¿Cómo sé que amo? ¿Qué hago al saber que amo?
Siempre hemos dicho que la serie sapo es filosofía. No hay lugar a dudas. Esta vez con uno de los dilemas más grandes sobre las que nos sostenemos, tanto niños como adultos, porque si algo no podemos olvidar es que los niños también saben, pero sobre todo quieren amar. Pero la clave aquí como padres, como maestros, como promotores de lectura es recordar que los niños aprenden a amar.
El amor se aprende. Se aprende limitado o se aprende como nos lo enseña Sapo, “el amor no tiene fronteras.”
En Venezuela se consigue gracias a ediciones Ekaré. No es muy costoso y como todos sus libros está muy bien elaborado.
viernes, 13 de enero de 2012
No Pueden Faltar en la Biblioteca de un Niño (parte I)
Aquí van los primeros de una lista que va creciendo. Espero los disfruten y si no los conocen aún se enamorarán. Lo aseguro.
1. El Árbol Rojo de Shaun Tan: Es un libro que va de 0 a 99 años, por la sencilla razón de que aquel que diga que no se identifica con la frase "a veces la oscuridad te supera" o no es humano, o todavía no lo sabe. Todos tenemos momentos en que sentimos que la vida es algo que nos queda grande. Eso lo aprendí al ver a mis hijos crecer. No. La infancia no es tiempo más sencillo y te das cuenta al ver a un bebé que llora de rabia porque está aprendiendo a sentarse y todavía no sabe cómo articular sus músculos para que su espalda se sostenga sin necesidad de apoyo. Las ilustraciones pueden intimidar a los niños más pequeños, así que es un libro que requiere la presencia de un adulto, pero para un adolescente que está en plena crisis de comunicación con el mundo exterior más claro no canta un gallo. Además el mensaje del libro está lleno de esperanza, y esperanza de la real. Las maravilloso no es necesariamente lo que nos llega y supera las expectativas, sino que la maravilla está en encontrar justamente lo que estábamos buscando. Yo creo que a lo largo de la vida, así como pasamos por selvas peligrosas, de árboles negros plagados de espinas, armamos también nuestro gran bosque de árboles rojos. Este libro no puede faltar.
2. El Arbol Generoso de Shel Silverstein: Un libro que va de 0 a 99 años. ¿Te has preguntado alguna vez sobre la naturaleza del amor? Si piensas que el amor no es egoísta, que uno cree amar pero muchas veces no ve lo que ama por estar pendiente de otras cosas, que da por sentado a los seres más importantes de la vida por estar pendiente del camino propio, entonces tienes que leer este libro. Además el libro demuestra que uno siempre puede dar más, que justo cuando crees que no tienes nada para dar, que estás vacío, lo poco que te queda puede hacer la diferencia en la vida del ser amado. No hace falta ser rico, tener millones, joyas, no es necesario que te sobren cosas para dar. Al contrario, es compartir tu esencia lo que más valor tiene. Lo triste es muchas veces el que lo recibe no se da cuenta. ¿Dónde está el punto? En que aún así vale la pena. Hermosísimo libro.
3. Sapo Enamorado de Max Veltjuis: Conocer a Sapo es enamorarse de él. Es filosofía ilustrada, para aquellos que se les hace muy pesado leer a los autores que se hacen las preguntas fundamentales de forma más densa. Es decir, para todos, porque a todos nos hace falta de vez en cuando regresar a lo básico. Las lecciones que aprendimos en kinder, cuando no sabíamos o al menos no creíamos saber, nada del mundo. Sapo es un personaje que todos llevamos dentro. Miedos, inseguridades, angustias, duda de sí mismo y de sus afectos. ¿Qué adulto no ha pasado por eso? Pero la realidad es que, por más amado que sea un niño, cada vez que lo dejan en el colegio o lo dejan mojado un rato para que vaya aprendiendo a dejar los pañales, se hace las mismas preguntas. ¿Mis padres me aman? De la serie Sapo, Sapo Enamorado es mi favorito porque es quizás el más tierno. Debe ser que cuando uno crece el amor romántico se vuelve casi el centro de la vida, por más independiente que uno se declare. Pero lo bello del libro es que Sapo se enamora de un personaje que es de otro color, de otra especie, de otro género. Sapo se enamora de un animal distinto. Sí, podemos amar con gran intensidad a un ser totalmente diverso, ajeno a lo que somos por naturaleza. Uno ama por una sencilla razón, porque ama. Punto.
4. Perdido y Encontrado de Oliver Jeffers: Tal vez me equivoqué con el libro anterior al decir que la vida del adulto se centra en el amor romántico. Se me olvidó algo fundamental. El amor. Pero no pasa nada, para esos despistes. Para esos olvidos, están los libros. Es lo que recuerda Jeffers con Perdido y Encontrado. Un niño que encuentra algo absurdo en la puerta de su casa, un pingüino. ¿Qué hace un ser como ese en la puerta de la casa de uno? Buena pregunta. Al final, esa respuesta no tiene la más mínima importancia. El niño hace lo que tiene que hacer, llevarlo de regreso a donde debe estar. Todos tenemos un lugar al que pertenecemos ¿Correcto? Nos enseñan que hay un sitio dónde tenemos que estar. ¿No es así? Eso dice la lógica. Pues niño y pingüino se embarcan en ese camino y claro está, que después de grandes vicisitudes llegan al lugar que estaban buscando. Pero no es el lugar lo que encuentran. Es algo mucho más valioso. Es la amistad. Este libro termina con una de las imágenes más bellas, el abrazo de dos amigos que sin saber por qué, y aunque no hayan motivos, ni las circunstancias tengan mucho sentido, se encontraron. No importa de dónde eres, dónde estás, quién eres, cómo eres, ni a dónde vas. Lo que importa son los amigos que acumulas en tu camino. Son los que te amarán incondicionalmente. Sin que nada más importe.
5. Donde Viven los Monstruos de Maurice Sendak: Este libro es de padres para hijos, de hijos para padres. Es perfecto para tocar el tema de la disciplina y para calmarse cuando uno siente que es más un monstruo que un padre. Es que a veces los niños prefieren estar con criaturas de colmillos y cachos que con la madre que regaña porque los juguetes quedaron tirados o porque el niño no quiso hacer caso. También es una forma de que entendamos el poder de la imaginación y cómo esta nos ayuda a hacer pasar los malos tragos que nos puede traer un día triste, una situación difícil. A través de nuestros sueños podemos "navegar" a lugares increíbles, sin salir de nuestra habitación. Parece algo trillado, pero es curioso cómo nos olvidamos de ello cada vez que podemos. Una dosis de imaginación y sueños es necesaria para combatir la angustia, para escapar un rato de la realidad. Pero es necesario volver y el mensaje es, allí estarán los padres, siempre, porque es un amor que trasciende todo, y al que por más que a veces duela, y nos cueste, uno siempre necesita volver.
martes, 27 de diciembre de 2011
Harry Potter
La verdad es que no sé por qué nunca había leído Harry Potter. No soy de esos lectores que tiene prejuicios contra lo que se vende. Creo que hay cosas que uno tiene que agradecer que sean un éxito. Y siempre he pensado, aún antes de leerlo, que Harry Potter es una de ellas, pues ha animado a muchos jóvenes y adultos a leer. Ya por eso tiene un mérito enorme.
Debo confesar que aminé por un reto. Un amigo me dijo que no me hablaría más hasta que lo leyera. Y tenía toda la razón. No sólo adoro la literatura infantil y juvenil, sino que es lo que me gusta escribir. Ahora, hay tantas cosas que a veces otras se quedan por fuera. Ciertamente era imperdonable que no hubiera agarrado la obra de J.K. Rowling.
Me alegro de que esto haya pasado. Harry Potter no será una obra de las que cambiarán el mundo de la literatura. Aunque tiene un mensaje profundo sobre la vida, la muerte, la amistad, la lucha de cualquier persona por tratar de ser especial, diferente, y a la vez lo más parecido al resto de la gente, que es lo que hace al libro algo especial. Y además Rowling lo hace una creatividad.
Harry Potter es sabroso de leer, conectas rápidamente con los personajes y te dejas llevar por ese mundo que están describiendo, hasta el punto que uno duda, si en esta ciudad no habrá también un mundo paralelo de magos, brujos, hechizos y magia negra que anda entre nosotros sin que nos demos cuenta.
He conocido niños que me han dicho que les da terror leerlo. Que el sólo hecho de pensar en abrir la tapa del libro les hace temblar de miedo. Y son las películas las culpables. Así como también tienen la culpa de que otros niños que he conocido me digan el clásico “para qué voy a leerlo si me divierto más viendo la película.” Sí. Tiendo a culpar un poco al cine, aunque la verdad es que siempre me da curiosidad una versión cinematográfica. En todo caso, sí siento que “contaminó” un poco el imaginario del libro el hecho de que hace tiempo vi una de las películas y es imposible no haberse topado con la cara de Daniel Radcliff por ahí.
Así que el Harry Potter de mi cabeza no es el que mi pintó Rowling, sino el que ya se hizo famoso desde que salió el primer libro al cine.
En todo caso. ¿Valió la pena leerlo? Sí. Absolutamente. Si no lo hubiese dejado a la mitad. Es libro de una estructura sencilla, muy bien narrado, que te va llevando hasta un climax emocionante y con giros que tal vez no son inesperados, pero que son deliciosos de leer.
Es un buen libro para animar a los jóvenes a la lectura, y más a meditar sobre lo que los rodea, y una cantidad de temas que tienen que ver más con la realidad que con la magia.
Harry Potter, soy tu fan.

