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martes, 3 de julio de 2012

Lectura en Vacaciones


Se acerca el fin de las clases. Los niños ansían las vacaciones, sueñan con cambiar de rutina y no aguantan las ganas de escuchar por última vez en el año escolar el timbre de salida. Las tareas son complicadas y en cierta forma los padres también están esperando un momento de descanso. Durante las vacaciones descansamos todos. Pero también es cierto que  muchos padres se preocupan. Sobretodo en esta época en la que hay tantas distracciones para los niños, que les consumen horas y que no siempre suman en cuanto a la formación y educación que los padres quieren dar.



Las vacaciones no son un momento ideal para introducir la lectura en casa una actividad familiar, de hábito constante, más allá de aquella que se aplica en el ámbito académico. La tarea no es fácil. Poner a competir un juego de video, o un programa de televisión con los libros, que tienen tanta fama de aburridos, no es sencillo. Pero, con un poco de voluntad se puede lograr.

Aquí algunos consejos para lograrlo:

1.    Déjelo escoger las obras que quiere leer:  Una de las cosas que más frustran a un lector es no tener el control sobre lo que lee. Es cierto, a veces los niños de cierta edad escogen cosas que escapan su nivel de madurez, o los temas que toca un libro que quieren son considerados poco aptos por los padres. La escogencia debe ser una acto de compromiso y conversación entre las partes. Ni el niño debe imponerse, ni los padres tampoco. Hagan una lista. Barajen varios nombres. Y luego tomen una decisión en conjunto.
2.    Compren los libros juntos: Ir a una librería es una aventura. Para el lector es estimulante, para el no lector a veces puede dar hasta angustia. Familiarizar a los jóvenes lecturas con el ambiente de las librerías es importantísimo a la hora de estimular la lectura. Si es posible involucrar a un librero, comprometido con su oficio, mejor. Ellos son grandes animadores a la lectura. El tener contacto con otros lectores es fundamental para estimular esta actividad. Además, la compra siempre anima, a todo el mundo le gusta comprarse algo, sentirse retribuido y sentir que estamos haciendo algo nuevo.
3.    Establecer metas claras pero realistas: “Si te lees el Quijote este verano, te doy un premio”. Puede ser algo ideal, pero los chances de que un joven haga alto como esto son poco realistas. No sólo por la dificultad de la obra, sino por su extensión. Como padres debemos estar conscientes qué tipo de lectores son nuestros hijos, cuáles son sus intereses, su disponibilidad de tiempo y su capacidad. En base a eso sí es importante establecer una meta. Ya sea un libro al mes, un libro durante las vacaciones, depende de cada quien. Pero esa meta hará mucho más fácil estimular la lectura. Lo ideal es estimularlos a que no pasen ni un día sin leer, y lo vayan haciendo paulatinamente a fin de convertirlo en un hábito.
4.    Compaginar la lectura con las demás actividades: Cosas como “sólo si lees diez páginas puedes ver televisión”, son perjudiciales para el estímulo de la lectura. Entonces ellos ven la lectura como una competencia con la televisión y las demás cosas que les gustan y no como algo que puede ser tan o incluso más divertido. Hay que dejarle algo de libertad.
5.    Discutir la lectura en familia y lo que es mejor, leer junto a ellos: La lectura es un acto de creación. Cuando leemos también creamos. Parte de esa creación sale a la vista en las discusiones familiares. Si dejamos al niño sólo con su libro, puede que otros estímulos funcionen, pero lo ideal es hacerle sentir que la lectura lo ayuda a compartir con sus padres. Además, es un buen momento para hablar de temas difíciles de abordar. Si uno puede leerse el mismo libro y al mismo tiempo, entonces mucho mejor. Se puede hacer un mini club de lectura en casa. Un espacio para demostrarle que la lectura es algo que une, que nos ayuda a conocer a nuestros hijos, pero también a que ellos conozcan a sus padres, y cómo piensan. 

martes, 26 de junio de 2012

Lectura: Calidad vs Cantidad


En estos días se me acercó un vendedor que insistía en que le diese veinte minutos de mi tiempo para que me explicara sobre su método de lectura rápida. Me prometió leer no sé cuántas mil palabras por minuto. Algo así como un mínimo de cien libros al mes. Una cifra de esas estilo los comerciales de televisión que prometen que con sólo comprar un aparato de abdominales uno va a tener el uniforme de Batman en la playa, sin necesidad de ponerse el traje de neopreno. 

El caso es que me dejó pensando sobre la cantidad. Conozco mucha gene que se jacta de leer un libro a la semana. Que no ha terminado de salir un libro al mercado cuando ya te están preguntando si lo leíste. Entre lectores, o gente que le gusta hacer alarde de la lectura hay competencia en cuanto a la cantidad. 

Y digo gente que le gusta hacer alarde de la lectura, porque muchas veces estos no son lectores. Gente que está compitiendo para decirle al mundo que ha leído cuarenta libros en un mes, o que ya ha leído todo lo que publicó tal editorial como novedades este verano, ciertamente no son lectores. 

Vale más leer un libro en un año y digerirlo, comprenderlo, sacar algún tipo de crecimiento personal de él, que leerse cinco libros en una semana y a la siguiente no poder recordar cuál era el protagonista de ninguno, ni qué hicieron, ni mucho menos haber sacado una conclusión profunda.

La lectura es un acto de creación. En la medida que el lector interioriza lo que lee y piensa sobre ello, está creando. No en vano se dice que parte del trabajo lo hace el escritor, la otra parte el lector. Sin lector no hay libro. Y para ser lector hay que digerir sobre ello. Hay que pensar. Hacerse preguntas. Eso no quiere decir que si uno no recuerda hasta el más mínimo detalle de cada obra que ha leído la debería tachar de su haber literario. Mucho de lo que uno lee queda en el subconsciente, siempre y cuando se reflexione sobre lo leído. 

Si uno es un lector de esos que necesita de vez en cuando releer un par de páginas, si estás leyendo una obra y de pronto sientes que tienes que volver porque no recuerdas, Fulana era la hija de…o en qué año es que estaba pasando tal cosa…no tiene nada malo. Al contrario. Los libros hay que digerirlos, saborearlos. 

Acumular libros, como si uno fuera una especie de lista de Itunes no tiene sentido. Los libros hay que vivirlos. Y si se puede comentarlos. Es mucho mejor. Algo que ayuda mucho es la bitácora de lectura que estamos desarrollando, porque en la medida que uno anota comentarios y frases que le han gustado uno piensa mucho más sobre lo que ha leído. 

En la lectura, la calidad siempre le ganará a la cantidad. Creo que hay pocas cosas en el mundo que no cumplan esa regla. 

martes, 19 de junio de 2012

¿Qué vas a leer este verano?



Puede ser que uno se vaya de vacaciones o sea uno de los rezagados que se queda en la ciudad mientras los demás montan en Facebook sus fotos de playa. A lo mejor te tocó quedarte (ya me ha pasado dos veces) esperando la llegada de un nuevo bebé, o porque sencillamente el cochinito ya no daba para más entre el viaje que quiere hacer en diciembre, las cuotas del carro y el plan sorpresa que te salió en Semana Santa. 

Si decides irte o quedarte, o si no tienes más remedio que seguir la corriente, sea cómo sea, el verano siempre ha sido un buen momento de lectura. Entre otras cosas porque es cuando Hollywood decide sacar las películas más taquilleras y aunque a uno a veces le provoque ver una película de un robot que salva al mundo de los planes malignos salidos de los circuitos de otro robot que fue un niño no amado por sus padres, la verdad es que estos meses nos dejan con mucho tiempo entre manos. 

Así que en tu casa solitaria, en la sala de espera del doctor o del aeropuerto, no hay nada mejor que hacerse una buena lista de libros para el verano y regresar en septiembre con ganas de recomendar y seguir leyendo. 

Aquí hacemos una propuesta. Que además es útil para los adolescentes, quizás uno de los grupos más ociosos durante el verano. La lista es suficientemente corta como para no perderse, pero extensa como para que sea casi imposible leerlos todos. Pero las listas ayudan. 

ENSAYO

La civilización del Espectáculo de Mario Vargas Llosa 
¿Por qué leer a los clásicos? De Italo Calvino 
La Historia Comienza, de Amos Oz

CUENTO 

Casa Tomada y otros cuentos de Julio Cortázar (serie roja Alfaguara) 
El Elefante Desaparece de Haruki Murakami 
Relatos Escalofriantes de Roald Dahl 
Voces Griegas, Beatrice Macini

NOVELA

El Guardián Entre el Centeno de J.D Salinger 
El Diario de Anna Frank 
El Imperio eres Tú de Javier Moro
Farenheit 451, de Ray Bradbury 
Nueve Cuentos, de J.D. Salinger
Reckless, de Cornelia Funke 
El Hereje, de Miguel Delibes 
El Túnel, de Ernesto Sábato 
La Letra Escarlata, de Nathaniel Hawthorne 
La Granja Animal, de George Orwell 
La Novela del Ajedrez de Stephan Sweig


CRÓNICA 

Antología de crónica latinoamericana actual, Darío Jaramillo Agudelo, ed. 
El Mundo Según Cabrujas

lunes, 4 de junio de 2012

Fin del Reto La Montaña Mágica


Hoy culminó el Reto La Montaña Mágica. Empezamos en noviembre y terminamos hoy. No fue fácil. Esperamos que muchos de ustedes hayan leído. Sin duda la novela es colisa, y asusta. 1048 páginas parece una eternidad. Uno ve el grosor del libro y piensa que es más bien objeto contundente. Y la verdad es por otro lado nunca hubo un mejor calificativo para ese objeto. La novela es contundente. 

Hans Castorp el personaje principal va por tres semanas a visitar a su primo Joachim Ziemssen a un sanatorio de tuberculosos. Ziemssen es un militar que está allí recluido porque está muy enfermo, y debe someterse a un tratamiento que bien exige esa palabra que califica a todo el que busca curarse de una enfermedad: paciente. De hecho, eso son y eso deben ser quienes están allí. A veces lo son demasiado cosa que desespera al lector. 

Si algo me golpeó de La Montaña Mágica fue precisamente ver cómo en el Sanatorio Internacional Bergohf se va reproduciendo el mundo. Con sus castas entre la gente, los distinguidos, los pobres, los ricos, los feos, los bellos, los marginados. Es allí donde uno se da cuenta que el hombre es hombre sin importar donde esté. Que somos lo mismo, los radicales y sobre todo los apáticos, el principal de ellos siendo Hans Castorp, a quien el autor busca "educar" como bien señaló el Dr. Mario Pesci-Feltri, en el Foro de La Montaña Mágica que tuvimos hoy en la Universidad Metropolitana. Mann busca la educación de Castorp, fogearlo, moverlo. Tal vez lo mueve. Su destino es inevitable. Eso lo dirá el lector. Porque al final la experiencia de Castorp es la experiencia del lector, cosa que es lo que resulta más angustiosa de esta novela. 

No pretendemos hacer aquí un análisis ni mucho menos. Lo que buscamos es celebrar el haber terminado la novela. El haber cumplido el reto y llevado a cabo el foro. El Foro fue en el CELAUP de la Universidad Metropolitana, moderado por Karl Krispin, el panel estaba compuesto por el Dr. Mario Pesci Feltri, Andrés Broenner y Clara Machado (media naranja de El Perro Naranja, lo que quiere decir que es la mitad del mismo y no su interés amoroso). Fue interesantísimo. Los ponentes explicaron su visión de la novela y qué la hace un clásico. ¿Por qué hay que leerla? Es tan importante contestarlo, y si hay una respuesta objetiva, también hay una realidad y es que a veces esas preguntas son difíciles de contestar. Lo cierto es que es una novela que capta la escénica de lo humano, de la vida, precisamente porque se fija en la muerte. Y creo que ya con eso no hay que decir mucho más. El resto lo tiene que ver cada lector. 

Lo que queremos es invitarlos a leer. Porque si algo tiene La Montaña Mágica, es que nos invita además a la relectura. Y por es lanzamos el Maratón de Lectura de La Montaña Mágica. Aún hay chance de unirse escribiendo a elperronaranja@gmail.com

martes, 22 de mayo de 2012

Taller Decálogo del Niño Lector

La lectura funciona como un catalizador de unidad ya sea dentro de la familia escolar o el núcleo familiar básico. Lo que es más importante, es una herramienta fundamental para educar en valores, para hablar de temas difíciles, que van desde separaciones, el duelo, hasta aquello que más preocupa a los padres cuando los niños llegan a la pre-adolescencia y adolescencia, los temas tabú como las drogas, el sexo, entre tantas otras cosas. 

La lectura es una herramienta. También es un refugio. Es el mejor regalo que se le puede hacer a un hijo o a un alumno. Pero no es fácil transmitir ese amor y esa pasión, y muchas veces requiere un sacrificio de tiempo y dinero. 

El Perro Naranja pone a disposición de padres y maestros, un taller para promocionar la lectura en la casa y en el aula. Nos trasladamos a colegios y pronto se abrirá en nuestra sede, la cual está por inaugurar. 

TALLER: Decálogo del Niño Lector.

“¿Cómo hacer que los niños se enamoren de la lectura? ¿Qué libros compro? ¿Cómo los ordeno? Es que mi hijo está muy pequeño para cierta clase de libros, es que siempre quiere leer el mismo libro. Es que yo lo obligo a leer pero no consigo que le guste.” Son muchas de las preguntas y exclamaciones que hemos escuchado de parte de padres y maestros. Qué leer. Cómo leer. Cuándo leer. Dónde leer, pero sobre todo Por qué leer a los hijos, son las preguntas que trata de responder el Decálogo del Niño Lector. Diez pasos para ayudar a fomentar el amor por la lectura, bajo el lema: Familia que lee unida, permanece unida.  

Para más información: elperronaranja@gmail.com 

lunes, 21 de mayo de 2012

Twitter Club de Lectura




Vuelve esta iniciativa para impulsar la lectura a través de las redes sociales. La meta es conectar a la gente a través de Twitter con textos no muy extensos, en su mayoría relatos cortos y crónicas. Buscamos que los lectores den el paso más importante al leer, que es pensar sobre lo que se ha leído, construir opiniones, reflexionar y escuchar el punto de vista de otros lectores, cosa que siempre nutre el proceso interno de cada lector. Es por ello que formar parte de un círculo de lectura, es fundamental.

Para participar lo único que hay que tener es una cuenta de twitter. Ese día nos conectaremos a lo largo de la jornada para discutir el libro. Así mismo haremos una publicación en el blog y en nuestra página de Facebook con el fin de que cada quien exprese su opinión sobre el texto en cuestión.

Los clubes o círculos de lectura son claves para ver la lectura como un proceso creativo, de crecimiento tanto interno como externo. Además son un estímulo para leer textos que quizás dejamos de lado por falta de tiempo o por tener sobre la mesa de noche otras prioridades que van desde el trabajo, hasta las responsabilidades del hogar, incluso la prensa a veces estorba a la hora de abrir un clásico, un cuento o una novedad que tenemos ganas de leer para la que no hacemos el tiempo.

El Twitter Club de Lectura aparece de nuevo como un estímulo. Invitamos a todos nuestros seguidores a participar.

Este es el cronograma con las obras de junio:


- Casa Tomada. De Julio Cortázar.  6 de Junio
- El Sabor de la Muerte de Juan Villoro (crónica) 13 de Junio
- La Civilización del Espectáculo de Mario Vargas Llosa 20 de Junio
- Un Alma de Dios de Gustave Flaubert 27 de Junio


lunes, 7 de mayo de 2012

¿Qué clase de lector eres?


El Chico que Lee. La Chica que Lee. Definámoslos de una vez por todas. ¿Cómo son?  Él tiene pelo de jugador de futbolista argentino, medio largo, seguro usa lentes y carga un bolso que se cuelga como si fuera una banda presidencial. Lleno de libros por supuesto. Es profesor de literatura o todo lo contrario, es un físico, un matemático puro, pero es profesor.   Da clases porque es muy callado, valga la ironía. El chico que lee está lleno de contradicciones. Es un poeta atormentado. Es tímido con los desconocidos, pero no tolera bien la bebida.

Ella tiene lentes. Es amante de los animales. Estudió letras o arte. Pinta como los dioses. Sabe hacer Origami como si se llamase Makoto. No se pinta las uñas, ni usa aparatos de esos para alargar las pestañas. No usa tacones y le encantan las bragas. No es marimacha, porque hay algo que de ella que es pura feminidad. Tiene un carácter fortísimo. Es intensa.

Chico y chica que leen tienen libros por toda la casa. Claro que chico los tiene desordenados, una pila en la mesa de noche, una pila en el suelo al lado de la cama, una pila al lado del sofá, una pila en el baño, cinco o seis tirados en el carro. Chica los tiene todos organizados por orden género, tema, autor y color del lomo.

Esta hermosa pareja, juntos o por separado tienen una lista de autores aprobados. Necesarios. Una lista que en realidad, más allá de su apariencia personal y su orientación en cuanto a la moda fue lo que les permitió acceder al elitesco grupo de “los que leen.” 

Nabokov. Dostoievski. Borges. Cortázar. Homero: Ilíada y Odisea. Ovidio. Cervantes. Bioy Casares. Shakespeare. Sontag. Bradbury. Hardy. Orwell. Freud. Montaigne. Poe. Vargas Llosa.  Mann. Nietzsche. Lorca. Oscar Wild. Sábato. García Márquez. Hemingway. Murakami. Dumas. Kafka. Aristóteles. Kundera. Hesse. Ribeyro. Pérez-Reverte. Mendoza. Bolaño. Perec. Pérez-Galdós. Unamuno. Tolstoi. Flauvert. Maupassant. Chejov. Bryce-Echenique. Cela. Vila-Matas. Paz. Wolf. Eco. Apollinaire. Rimbaud. Beaudelaire. Balzac. Sartre. Camus. Capote. Keruac. Tagore. Bocaccio. Ortega y Gasset. Benedetti. San Agustín…y sigue. La lista sigue. Pero que quede claro. Es una lista cerrada. Hay autores prohibidos, géneros desterrados. El Tártaro de la literatura, a la que sólo acceden los ignorantes. Los “que no leen.”

Entonces ¿es así?

¿No puede haber un chico que lee que sea rumbero, playero y fiestero? ¿Ni un gordito que se caiga a Oreos mientras va pasando las páginas, dejando la cama llena de migas negras? ¿Tampoco puede haber una lectora que viaja de tapa a contratapa mientras espera en la cola del colegio de los chamos, o que lee después de cuarenta y cinco minutos de trote, ducha y cambio de ropa?

No. No hay ratón de biblioteca buen mozo, ni Miss con capacidad de analizar ideas profundas. Eso no lo trae el formulario.

Mucho menos están admitidos los que no han leído a los autores correspondientes.

Entonces, estoy en el limbo literario. No tengo permiso de acceder al cielo. No me puedo llamar lectora. Sucede que de la lista hay muchos que todavía me faltan, varios que no sé si llegaré a leer. Por falta de tiempo, tal vez, incluso por rebeldía. Porque no me enseñaron a que la lectura era algo tan serio, tan grave.

Aprendí que leer era un viaje. Una aventura. Una puerta a los sueños. Un vehículo para viajar mucho más lejos de lo que cualquier medio de transporte jamás nos podría permitir. Una ventana a la reflexión. Un método para conocerme, para conocer el mundo, para conocer a otras personas.

Sí. Existe el ego. Ciertamente de vez en cuando sirve también como amuleto para creerse inteligente. Sin embargo, ya lo he dicho antes, todo delirio de grandeza termina en infinita pequeñez. Basta que uno encarame bloque sobre bloque y trate de usar eso como palestra para que todo caiga al suelo con estrépito.

Yo no tengo lista. Sinceramente. Como dice Elefante “las reglas suelen ser tu peor enemigo, el más aburrido y cruel y disfraz. Un salto al vacío. El veneno más letal.” Leo lo que me provoca, un día es infantil mañana es un clásico, y aunque el camino que he recorrido página a página me ha llevado a odiar a algunos autores y a desterrar uno que otro género, incluso a vituperar en su contra (sí Coelho es contigo, cero uno en esa boleta, ¿qué quieres que te diga?) tampoco se puede llegar al fundamentalismo literario.

Creo que todos tenemos nuestros libros. Autores que nos mueven el piso, que nos parecen unos genios, que nos hacen sentir comprendidos y otros a los que les damos quince páginas porque “el saludo no se le quita a nadie.” ¿Quieres leer Crepúsculo? ¿Te emociona? Está bien. Sinceramente creo que como todo en la vida tarde o temprano uno aprende y deja atrás ciertas cosas. Es lo que se llama evolución.

O como dice mi papá con respecto al vino, no se puede apreciar un Chateaux Margaux si no se sabe disfrutar de un Beaujolais Nouveau. Todo tiene su momento. Y lo sencillo es necesario para llegar profundo. Para llegar al Quijote tuviste que pasar a juro por Ma-Me-Mi-Mo-Mu  y después de eso Caperucita.

En fin. Lectores hay como los sabores de helado. Amargo como el de limón. Sabroso como el de coco. Empalagoso como el de chocolate. Suave como el de mantecado. Rosado como el de fresa. Exótico como el de parchita. Extraño como el de aguacate. Light como el sorbete. Completo como la copa gigante con bolas de todos los sabores. Difícil de conseguir como el de Nutella, Nutella de verdad. Modesto como el artesanal y hecho en casa. Distinguido y respingado como el italiano.

Decir que lector es uno sólo es poner límites que la misma lectura nos enseña a desafiar usando la imaginación.