jueves, 18 de abril de 2013
Libros para los 5 años
viernes, 2 de diciembre de 2011
Entre Libros Los Palos Grandes
Ya lo dije en otra entrada. Me encanta recorrer librerías. Me fascina. No me siento mejor en ningún otro lugar. Las mesas de los que acaban de salir, de los más vendidos. Los escaparates con las ediciones de bolsillo. El rincón de los clásicos. Y esos lugares donde están aquellas bellezas enormes de arte, cocina, arquitectura. Hay un libro enorme de Da Vinci editado por Taschen que cada vez que lo veo le prometo ahorrar para comprármelo y ponerlo en algún lugar especial en mi casa. Algún día.
Esta mañana estuve en Entre Libros revisando estantes y buscando regalos de navidad. Encontre bellezas como Poemas a La Luna, editado por Edelvives. Está en la sección infantil y juvenil, pero creo que si el que le regale ese libro a la novia, la esposa o el amor platónico anota puntos para todo el año. Editado por Edelvives. Son costosos, así que hay que guardarlos para un regalo especial. Tienen varios libros de Anthony Browne, como Zoológico, Voces en el Parque, Mamá y Papá. Con esos no se falla a la hora de un regalo. Y claro está tienen los favoritos de Ekaré. Bellezas.
Me encantó que en la sección de música tiene libros como la Biografía Desautorizada de Keith Richards, de Victor Bockris y otros libros sobre The Rolling Stones. También algunos sobre Rap.
Sin embargo, lo que más me gusta de Entre Libros es que es atendida por sus propios dueños. Son amabilísimos. Te dejan pasear por las estanterías y literalmente te dan permiso de quedarte allí hasta que cierre. Te envuelven los libros en papel hermoso, con mucha amabilidad. Pero quizás lo más importante es que las muchachas que atienden conocen los libros y guían al comprador. En particular Selene, una muchacha con la que estuve hablando y que al igual que este Perro Naranja es una entusiasta de los libros. Estuvimos hablando con ella y con sus dueños y esto fue lo que nos recomendaron:
- Criadas y Señoras. De Katheryn Stockett. - Este libro no lo he leído, pero nos cuentan que se ha vendido bien y pude ser un buen regalo para una mamá o una tía.
- Fantasmas de Joe Hill. - Joe Hill es el hijo de Stephen King. Es una recopilación de cuentos de terror. Aparentemente muy buena.
- Nathan Fox de Lynn Brittney. - La autora combina la historia con la ficción de forma excepcional. El libro es emocionante. Ideal para adolescentes. El protagonista es un espía que cuando no está de cara al peligro es un actor en el grupo de William Shakespeare. Sí. Del ese mismo. Vale la pena.
- La Historia del Arte. De E.H. Gombrich - Esta belleza de libro es un clásico. Una belleza de regalo para quienes aman el arte o sienten la inclinación por aprender sobre ella. Una joya de libro, altamente recomendado.
- Los Días del Arocoiris. De Antonio Skármeta. Cuenta sobre Chile y está muy bien escrito. También un buen regalo en estas fechas.
Y claro. No sólo hay que hablar de lo que libros que le gustan a los libreros. Veamos qué es lo que más se ha vendido en noviembre en Entre Libros:
1. La Rebelión de los Naufragos. de Mirtha Rivero.
2. Fabricante de Peinetas de Inés Quintero.
3. Rating de Alberto Barrera Tyzka.
4. Las Fantasías de Juan Bimba de Axel Capriles.
5. Astro Agenda Lunar de Sylvia Gasparini.
6. Mi Cocina Ligera de Armando Scannone.
7. Cuentos de Sobremesa de Toto Aguerrevere.
8. Guía de Campamentos y poSadas de Elizabeth Klines.
9. El Ruido de las Cosas al Caer de Juan Gabriel Vasquez.
10. La CInta Roja de Carmen Posadas.
lunes, 21 de noviembre de 2011
De Librerias y Libreros
Cuando tenía trece años mi mamá me obligó a trabajar en una librería. Me pagaban un sueldo interesante para la edad que tenía. Eventualmente el verano terminó y cuando vine a ver no había ahorrado un centavo. Todo me lo gasté en chucherías y en libros.
Me fascinaba sacar las cuentas de los clientes y llenarles las bolsas. Ni hablar de lo que me gustaba hacer mis recomendaciones o recibir los consejos de algún cliente que jugaba al viejo profesor con aquella niña un poco gordita y extraña.
Ese fue el verano de una de esas relaciones adolescentes que empiezan en pura ilusión, se llenan de magia y terminan con las cachetadas que te da la realidad para intentar hacer de uno un adulto incrédulo. Si algo me ha protegió de lo que viví ese verano fue la lectura. Ya allí sin saberlo me estaba enfermando de forma incurable con esto que tengo ahora. Enfermedad de libros. En mi vida ha habido una sola constante y es el amor por los libros. Lo demás, salvo ciertos afectos, siempre ha terminado por ser pasajero.
Y si uno ama a los libros. Si uno siente por ellos algo que es casi religioso, entonces no exagera al decir que las librerías son como templos. Como iglesias. Y que el librero es el cura. Uno de mis grandes amigos hoy en día es un librero. Nos conocimos y entablamos amistad por culpa de un libro.
¿Cómo no íbamos a entablar amistad? No hay gente que entienda más la enfermedad de libros que el librero. Además entiende que el lector busca mucho más que letras, oraciones y párrafos. El libero es psicólogo, psiquiatra, policía y bombero. Te escucha. Te diagnostica. Te medica, “¿es un despecho lo que usted tiene? Entonces tiene que buscar este autor y este otro.”
El librero es policía, porque le toca asegurarse que uno no rompa ciertas leyes, que no haga cosas impensables, ni toque los estantes prohibidos, como el de la autoayuda, la prosa vacía o aquellos libros que escribió ese autor que no tenía nada que decir, sino que simplemente quería decir algo. El librero al final del día es bombero. Pero es un bombero que felizmente quedará frustrado, al no poder apagar el fuego que consume al lector. Al contrario, ve su trabajo realizado cuando lo ve quemarse. Como se quema un vampiro con la luz del sol.
En carne viva. Así debe salir uno de una librería. En ese estado de sensibilidad, con ganas comerse el libro, comerse el mundo, sangrar, recibir transfusiones, convertirse en animal doméstico, animal salvaje y criatura fantástica.
La experiencia de una librería no puede ser nada más entrar. Pagar. Salir. De ser así uno está solo en un local que vende libros y eso no es suficiente para leer. Por eso a una ciudad hay que decirle, dime cómo son tus librerías y te diré qué eres. Te diré de dónde vienes. Te diré a dónde vas.
