jueves, 18 de abril de 2013
Libros para los 5 años
martes, 3 de julio de 2012
Lectura en Vacaciones
jueves, 7 de junio de 2012
Regala Libros
Hacemos recomendaciones sobre libros para regalar y buscamos opciones que te ayuden a hacer un regalo significativo y de distintos rangos de precio. Un libro es un verdadero tesoro y no hay nada más especial que ayudar a una persona a ir conformando su biblioteca personal.
Hasta el 15 de junio estaremos incluyendo una bitácora de lectura de regalo, para que el cumpleañero pueda llevar un registro de los libros que va leyendo y así ir armando su biografía de lector.
Para mayor información y compras: elperronaranja@gmail.com
martes, 22 de mayo de 2012
Taller Decálogo del Niño Lector
miércoles, 14 de diciembre de 2011
Decálogo del Niño Lector: #2
2. El Derecho a Enamorarse de un Personaje
Nos aproximamos a la literatura por una sencilla razón: nos sentimos identificados. En realidad eso pasa con el arte en general. Nos gusta un cuadro, una canción, una melodía, una película, porque nos toca alguna fibra. Puede ser una superficial, como pasa en una comedia ligera. O puede ser una muy profunda, como sucede con algún cuadro cruento o una melodía triste. Es así que comenzamos a “engancharnos” con un género artístico y es por esa capacidad que tiene el arte de trabajar los sentimientos y las emociones de una forma que los medios prácticos no logran.
Sin embargo para un niño o un adolescente que todavía no está claro en su identidad, o que no maneja ciertas nociones abstractas, una de las formas más fáciles de verse reflejado es a través de un personaje. Quizás uno de los mejores ejemplos sea Sapo, el personaje de Max Velthuijs. Sapo cautiva lectores de todas las edades porque lo que enfrenta lo enfrentamos todos en distintos niveles.
Cuando buscamos nuestra identidad y tratamos de vernos en los demás para buscar quiénes somos realmente y qué hemos venido hacer a este mundo, cuando nos sentimos un poco aislados de nuestro entorno, hasta cuando estamos ansiosos porque creemos amar a alguien que es diferente a nosotros.
De Sapo es fácil enamorarse. Un niño jamás lo dirá con esas palabras. O no seamos tan tajantes, pues los niños siempre pueden sorprendernos, digamos más bien que lo más probable es que sencillamente escoja, la mayoría de las veces, los cuentos de un personaje, que se emocione cuando lo vea, en su casa, en una librería, en el colegio y nos diga con emoción “¡Mamá! ¡Mira a Sapo!”
Algunos padres sienten temor de que la predilección hacia un personaje prive a sus hijos de descubrir otros libros. Sin embargo, no hay mejor evento que este, porque como todo lector, ser humano al fin, eventualmente querrá explorar otros territorios, hacer nuevos amigos. No hay mejor momento en la literatura que cuando uno siente que el personaje sobre el que lee es amigo de uno, o lo que es más, cuando uno siente que el personaje es uno mismo. Cuando uno se ve reflejado.
Amamos aquello que conocemos. Amamos aquello en lo que creemos que nos vemos. Y aunque un niño pequeño no pueda expresar esa reflexión por un tema de lenguaje nos lo está diciendo con su predilección por ese personaje.
lunes, 21 de noviembre de 2011
Decálogo del Niño Lector: #1

1. 1. El Derecho a que un adulto le lea en voz alta o lea a su lado.
D
Imagina que llegas a la escuela de manejo. Estás nervioso la única que ves que te pusiste detrás de un volante manejaste como si fueras un campeón de caballos coleados. Tal vez incluso chocaste. La cosa no es tan fácil como parece. Apretar pedales y mover el volante y ya.
Por eso estás allí sentándote con el instructor. Él te dirá lo que tienes que hacer, marcará la pauta, y sobre todo, compartirá contigo la experiencia. Al final la cosas compartidas son mucho más sabrosas y más cuando uno está aprendiendo.
Ahora imagina que el instructor se sienta a tu lado. Te ordena “maneja” y punto. No dice más nada. Se pone a leer un periódico o a chatear por el celular. Contesta llamadas. Se ríe. Tal vez incluso te dice “ve y da tres o cuatro vueltas a la manzana y me buscas aquí, yo me voy a tomar un cafecito.”
Te indignarías. ¿Cómo es posible que me deje solo? ¿Cómo espera que yo aprenda sin que me haya dicho una palabra? Ni un consejo. Ni un tip. ¿Cómo saber si lo estoy haciendo bien o mal si no está aquí para corregirme? Conclusión: no le importa. Lo más probable es que te frustres y aunque te devuelvan tu dinero regresarás a tu casa sin saber manejar.
Misión: fallida.
Lo mismo sucede cuando uno está aprendiendo a leer. Entiéndase leer, no en el sentido estricto. Una persona puede aprender a leer incluso antes de poder “pasar la vista por lo escrito interpretando los signos.” Aprender a leer es aprender a gozar de una historia, a ir con el pensamiento del punto A al punto B, identificar en una narración, en un verso, en una imagen algo de nuestro ser. Y eso bien puede ser narrado por otra persona. Y lo que es más. Es mejor que sea así.
El padre o el maestro fungen como catalizadores de ese proceso. Les toca a ellos. A nosotros. Sentarnos con hijos y/o alumnos a mostrarles el pasaporte hacia viajes infinitos que hay en cada libro. Se pueden leer textos literalmente, al pie de la letra, se pueden inventar de la nada, o basados en cuentos ya escritos. En fin. El cielo es el límite.
¿Y si no puedo leer en voz alta?
A veces nos da miedo. Más cuando al ver a los cuentacuentos y las maravillas que hacen. La entonación. La proyección. Las voces de los personajes. Saben hacer como la hormiguita más tierna, y como el osito bebé, y también como el lobo feroz y la bruja malvada. ¡Y se saben los cuentos de memoria! ¿Qué hace uno entonces?
La respuesta es muy sencilla. Uno hace lo que puede. Lo cierto es que el niño no está esperando a un actor o actriz de teatro. Nada de eso. Ellos están felices de que sus padres o maestros se tomen el trabajo de contarles la historia.
El trabajo lo tiene que hacer la historia. Todo es cuestión de elegir el texto adecuado. Si el cuento es bueno, mientras el adulto la pueda leer, el niño se envolverá en ella. Y el tiempo y la atención que comparten con ese adulto lo agradecerán más que nada.
Lo hermoso de esto es que se vuelve un espacio para compartir entre niños y adultos. No sólo comparten el momento de la lectura, sino que comparten las impresiones de la misma que son automáticas. Lo cierto es que los niños no tardan en dar su respuesta ante un texto. Si les gustó. Si no les gustó. Si los atrapó o más bien los aburrió.
Leer junto a nuestros hijos o alumnos es un espacio fundamental para conocerlos, más allá del hecho de que el acto en sí es la base para la formación del hábito de la lectura. Y algo es cierto que los hijos que leen con sus padres tienden a convertirse a su vez en lectores.
A través de la lectura en conjunto podemos enterarnos de qué les gusta, qué les llama la atención, qué cosas temen, incluso qué cosas han visto, cómo están absorbiendo el mundo y qué experiencias han tenido.
Cuando uno tiene conversaciones de lector a lector llega a profundidades que de otra forma es difícil llegar.
Claro que a veces, ni el padre ni el niño están abiertos para le lectura en voz alta. La lectura jamás debe ser algo obligado. Entonces, un ejercicio hermoso es sentarse cada uno con su libro. Son esos momentos en que el niño pide leer solo. Hay que dejarlo. Pero eso no quiere decir que no se le pueda acompañar en silencio. Haciendo lo mismo que él. Demostrándole que ese acto es tan válido para padre o maestro como para hijo o alumno.
Cuando dos personas leen juntas la sensación de complicidad une y genera empatía. El sentimiento del niño de que se valora su espacio y su inteligencia le ayudan a fortalecer su autoestima, su personalidad y claro, su hábito de la lectura.
Es por eso que el derecho número uno es a que cuenten con padre o maestro que les lea en voz alta o lea con ellos. De eso uno jamás se arrepiente. Y dura toda la vida. Nada más ver a familias que leen en vacaciones y discuten libros en la sobremesa. Por eso decimos que familia que lee unida, permanece unida. Y eso es verdad tanto para la familia de sangre, como para la escolar.


