Mostrando entradas con la etiqueta Recomendaciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Recomendaciones. Mostrar todas las entradas

jueves, 18 de abril de 2013

Libros para los 5 años




Una de las cosas que más me gusta hacer, por no decir que es una pasión es recomendar libros. Amo recomendar libros, porque es compartir el amor que siento por ellos. En un post anterior Andrea me pidió a través de un comentario una recomendación para una niña de 5 años. Aquí vamos. 

Una cosa que hay tener que en cuenta es que un niño puede ser lector incluso antes de aprender a leer. Es importante, porque si el niño ya tiene una conexión con el libro, cuando empieza a leer es como si le dieran alas, aunque no quiera decir que desde temprana edad deba leer sin supervisión. Como todo, durante la etapa de formación la lectura es algo que no sólo depende de los adultos, sino en la que somos necesarios. Sobre todo con nuestro ejemplo. 

Mi primera recomendación es que mientras el niño va formando su "gusto literario" busquen libros que a ustedes les gustan. Pero que les gustan de verdad, porque sienten una conexión. No porque les parece que el mensaje es positivo, o porque "ay qué lindo así si va a aprender a lavarse los dientes, o a no pegar a los amiguitos". Nada de eso. No quiere decir que el libro no pueda tener un mensaje positivo, sólo que esté expuesto de forma inteligente y que no sea un intento descarado de predicar la moral y las buenas costumbres, como si el mundo no estuviera lleno de trampas. Tampoco hay que tenerle miedo a los libros que exponen sentimientos complejos.

Hay una belleza de libro de Malika Doray, se llama Mi Tristeza. No creo que se consiga en Caracas, pero para un niño que tenido que cargar con la tristeza de los padres o de alguien cercano, es sencillamente maravilloso. 

Otra cosa que recomiendo para comenzar es un personaje. La forma más fácil de enamorarse de los libros no es sólo buenas historias, sino buenos personajes.  Nuestra cultura está llena de ejemplos, los súper héroes son los mejores. ¿Cuántos adultos no arrastran todavía la emoción que sentían de pequeños por sus personajes predilectos? Batman. Superman. James Bond. 

En Caracas puedes conseguir cosas buenas... todavía.

Está Olivia, de Ian Falconer. Creo que Olivia es la mejor. Olivia es una cochinita de una personalidad genial. Voluntariosa. Creativa. Segura de sí misma. Que inventa cosas y ejecuta lo que inventa. Que sueña. Agota a su mamá. Y además Ian Falconer nos demuestra que se puede incorporar cultura general a la literatura para abrir el horizonte de los niños. Genial. De verdad con Olivia no te vas a equivocar. Hay una comiquita y es buena, así que uno puede unir las dos cosas, y además comprobarán los padres que aún hoy en día la televisión no le gana a los libros si hacemos las cosas bien.

Sapo de Max Velthuijs, es maravilloso. Es el ejemplo de libros fabulosos con mensajes positivos. Sapo es sapo y Sapo enamorado son mis favoritos, “el amor no tiene fronteras”, es una de mis frases bandera. Sapo y el forastero viene bien para hablar de las diferencias y la tolerancia, y la importancia de conocer a alguien antes de hacerte una idea de la persona, lo engañoso de las apariencias y lo peligroso de los estereotipos.

Los libros de Eric Carle también son maravillosos, pero pueden ser para más chiquitos. Aunque está uno que se llama La Mariquita Gruñona que es fantástico para aprender el horario, y sobre la actitud en la vida, pero puede ser costoso si es que se consigue.

Hay libros de Oliver Jeffers que son estupendos. Es una autor como muy pocos, pero muchos de sus libros considero que son para más grande como el Corazón y la Botella, pero está Perdido y Encontrado, que es sobre la amistad. Hicieron un corto de ese cuento que es de las cosas más bellas que he visto. También está El Increíble Niño Comelibros. A mi hija se lo leyeron en el colegio y está impactada. Pero todavía no lo entiende bien. De hecho estaba un poco asustada pensando que alguien se pueda comer los libros. Pero la curiosidad está.

Anthony Brown es otro del que uno se enamora y ellos también. Uno de los que más me gusta es Cosita Linda, que es sobre la amistad incondicional, y sacar el cuello porque alguien que amas. Amar a alguien diferente, y lidiar con el hecho de que no somos perfecto y que a veces hacemos cosas que asustan o alejan a nuestros seres queridos, sin que hayamos tenido la intención de hacerlo. Está Mi mamá, Mi papá, que son una belleza. De hecho son buenos regalos para el día del padre. Brown tiene un personaje que se llama Willy. Mi hija lo ama. Este trabajo es realmente una obra de arte, las referencias a la cultura en general, sobre todo al surrealismo son brillantes. Es un regalo para adultos también. Pero hay libros de Brown que son para más grandes, les recomiendo leerlos antes de comprarlos.

Hay otro autor que es maravilloso, pero en Caracas, tal vez más que en otros lados por el tema de la importación los libros  son costosos, es Jimmy Liao. El libro de El Monstruo que se comió la oscuridad es sencillamente espectacular. Ese ha sido de los que más hemos disfrutado, y mi hija es considerablemente más pequeña, pero estoy segura que aguanta, porque el tema de la oscuridad no es algo que necesariamente resuelves a los cuatro años. También está La campeona mundial en mantenerse despierta, este a dúo con Sean Taylor.

Por último te voy a recomendar La Sorpresa de Silvia Van Ommen. Este libro te va a servir si la mamá o tú misma pueden ayudarla en una aproximación. El libro no tiene palabras, así que uno mismo puede inventar una historia. Es sobre una oveja que utilizando su lana le prepara una sorpresa a su amiga jirafa. Amamos este libro cómo no tienes una idea. El tema del amor y de la amistad es algo que nos fascina. Este libro fue uno de los ganadores de Los Mejores del Banco del Libro hace dos años.

Aquí tienen para ir a una librería y pasar un buen rato. Pero les doy una última recomendación, también pueden llevarlos a ellos, y dejar que escojan, ir guiando con las recomendaciones que les di, sentarse en el piso, leerle en voz alta, dejar que hagan mil preguntas y que sueñen con llevarse el libro a la casa. 

En Caracas está Lugar Común Librería que tiene un espació muy bonito, están mis amigas de La Sopa de Letras que no sólo tienen ejemplares increíbles, sino que su espacio es mágico para estas cosas, y está la librería del Banco del Libro, más pequeña pero su selección es impecable.

Buen viaje Andrea, y luego me cuentas, espero que estés camino a construir una lectora. Esa persona, o esas personas que forman parte de nuestra vida como lectores no las olvidamos jamás. Es el regalo más valioso que le puedes hacer a un ser humano. 

miércoles, 4 de julio de 2012

El imperio eres tú. De: Javier Moro


El reloj da las once y yo suelo acostarme antes de las nueve. Soy como una gallina. Pero tengo este libro de Javier Moro en las manos, y sencillamente no puedo soltarlo. Estoy en él. En las descripciones del calor de Brasil, en la angustia del emperador por mantener intactos la vida de su corazón y el destino al fue llamado a servir. La lucha del hombre contra el servidor público. La lucha de los sentimientos de pasión contra los del deber. Pedro I de Brasil es una veleta, y uno como lector también. Uno lo ama y lo odia. Lo entiende. Le desea el triunfo y reza porque vea la luz. 

Quizás de las cosas que más nos pegan son los momentos en que las actitudes de los hombres que hacen Patria se parecen tanto a las que vemos hoy en día. Ya no se viaja en barcos, ni hay esclavos, al menos no pareciera, pero la ironía, la hipocresía, el materialismo, el ventajoso, la sed de poder, la ceguera crónica, la negación, la ignorancia, el pensamiento de los pusilánimes que creen que salvaguardando su bienestar económico van a mantener un status quo de privilegios que no se romperá jamás. El delicado equilibrio de los gobernantes que hacen cosas impopulares porque creen y están seguros de un bien ulterior, porque tienen una visión de país, hasta de mundo. Pero que pierden batallas al pagar caro errores que más tienen que ver con mercadeo de imagen que con ideología. Todo suena tan actual, tan real, que a veces uno se pregunta si Javier Moro no está copiando esto de las primeras planas de nuestros periódicos, en vez de haber hecho una extensa investigación sobre historia latinoamericana y europea. 

Moro nos recuerda que la historia es, eso, historia. Es fascinante. Ambigua. Está llena de reveses y de misterios. Disfruté en esta novela como pocas, y además aprendí. Recordé que no hace falta irse por los lares de lo trivial para pasarla bien en un libro, que lo profundo también tiene su toque de placer. 

Bien escrita. Con un lenguaje rico, con descripciones vívidas y precisas, así debe ser un buen libro. Sin separarse demasiado del lector, sin forzarlo innecesariamente. Uno mismo puede sacar sus propias conclusiones, porque al final Moro tampoco es que decide por nosotros. Amar a Pedro u odiarlo. Culparlo por sus fracasos o entender que tal vez se adelantó a su tiempo, que hubo cosas que no pudo superar. Ya eso es cosa del lector. Como tiene que ser. 

Ender la historia de nuestros pueblos. Pensar sobre ella. Es el primer paso para poder vislumbrar las naciones que queremos construir. No podemos plantearnos qué país queremos ser hasta no tener al menos una idea, de quiénes somos y de dónde venimos. Pedro I salvó a Brasil de aquello que las cabezas calientes del resto de Latinoamérica no se salvaron, los caudillos. Además fue un ejemplo para los políticos de hoy en día, pues peleó sus batallas en el campo con los demás, sin reparos sobre las ventajas que da una jerarquía política, incluso cuando esta se hereda, o hasta se impone con la autoridad de las armas. 

No es el más fuerte el que pisa más duro, sino el que ve más lejos y arriesga más. Y una última cosa, a lo  largo de la historia nos demuestra algo que nos llega al corazón, y es que la desgracia de los pueblos está en la ignorancia, el fanatismo, y en la falta de instrucción. Sobre todo cuando no se lee. Los líderes ignorantes, que no leen sobre su campo y aprenden la historia de los pueblos, tanto los suyos como los extranjeros, son armas letales. 

martes, 3 de julio de 2012

Lectura en Vacaciones


Se acerca el fin de las clases. Los niños ansían las vacaciones, sueñan con cambiar de rutina y no aguantan las ganas de escuchar por última vez en el año escolar el timbre de salida. Las tareas son complicadas y en cierta forma los padres también están esperando un momento de descanso. Durante las vacaciones descansamos todos. Pero también es cierto que  muchos padres se preocupan. Sobretodo en esta época en la que hay tantas distracciones para los niños, que les consumen horas y que no siempre suman en cuanto a la formación y educación que los padres quieren dar.



Las vacaciones no son un momento ideal para introducir la lectura en casa una actividad familiar, de hábito constante, más allá de aquella que se aplica en el ámbito académico. La tarea no es fácil. Poner a competir un juego de video, o un programa de televisión con los libros, que tienen tanta fama de aburridos, no es sencillo. Pero, con un poco de voluntad se puede lograr.

Aquí algunos consejos para lograrlo:

1.    Déjelo escoger las obras que quiere leer:  Una de las cosas que más frustran a un lector es no tener el control sobre lo que lee. Es cierto, a veces los niños de cierta edad escogen cosas que escapan su nivel de madurez, o los temas que toca un libro que quieren son considerados poco aptos por los padres. La escogencia debe ser una acto de compromiso y conversación entre las partes. Ni el niño debe imponerse, ni los padres tampoco. Hagan una lista. Barajen varios nombres. Y luego tomen una decisión en conjunto.
2.    Compren los libros juntos: Ir a una librería es una aventura. Para el lector es estimulante, para el no lector a veces puede dar hasta angustia. Familiarizar a los jóvenes lecturas con el ambiente de las librerías es importantísimo a la hora de estimular la lectura. Si es posible involucrar a un librero, comprometido con su oficio, mejor. Ellos son grandes animadores a la lectura. El tener contacto con otros lectores es fundamental para estimular esta actividad. Además, la compra siempre anima, a todo el mundo le gusta comprarse algo, sentirse retribuido y sentir que estamos haciendo algo nuevo.
3.    Establecer metas claras pero realistas: “Si te lees el Quijote este verano, te doy un premio”. Puede ser algo ideal, pero los chances de que un joven haga alto como esto son poco realistas. No sólo por la dificultad de la obra, sino por su extensión. Como padres debemos estar conscientes qué tipo de lectores son nuestros hijos, cuáles son sus intereses, su disponibilidad de tiempo y su capacidad. En base a eso sí es importante establecer una meta. Ya sea un libro al mes, un libro durante las vacaciones, depende de cada quien. Pero esa meta hará mucho más fácil estimular la lectura. Lo ideal es estimularlos a que no pasen ni un día sin leer, y lo vayan haciendo paulatinamente a fin de convertirlo en un hábito.
4.    Compaginar la lectura con las demás actividades: Cosas como “sólo si lees diez páginas puedes ver televisión”, son perjudiciales para el estímulo de la lectura. Entonces ellos ven la lectura como una competencia con la televisión y las demás cosas que les gustan y no como algo que puede ser tan o incluso más divertido. Hay que dejarle algo de libertad.
5.    Discutir la lectura en familia y lo que es mejor, leer junto a ellos: La lectura es un acto de creación. Cuando leemos también creamos. Parte de esa creación sale a la vista en las discusiones familiares. Si dejamos al niño sólo con su libro, puede que otros estímulos funcionen, pero lo ideal es hacerle sentir que la lectura lo ayuda a compartir con sus padres. Además, es un buen momento para hablar de temas difíciles de abordar. Si uno puede leerse el mismo libro y al mismo tiempo, entonces mucho mejor. Se puede hacer un mini club de lectura en casa. Un espacio para demostrarle que la lectura es algo que une, que nos ayuda a conocer a nuestros hijos, pero también a que ellos conozcan a sus padres, y cómo piensan. 

jueves, 28 de junio de 2012

Aristóteles


"El pensamiento de Platón se basa en la doctrina de las ideas. Es la búsqueda de un mundo donde los universales eternos, inmortales, se conservan y proyectan su influjo conceptual sobre el mundo de la materia. Aristóteles, en cambio, es un espíritu práctico y desconfía de las ideas platónicas, que, para él, no pasan de ser abstracciones." 

"Para Aristóteles, las ideas son entidades ficticias. Sólo existen los individuos, que son las sustancias que sostienen todos los atributos que predicamos de ellos." 

"Platón y Aristóteles, sin embargo, coinciden en que hay algo que es la esencia de las cosas. Platón lo llama eidos o "ideas". Aristóteles en algunas ocasiones lo llama "forma", en toras "géneros" o "esencia", o en griego, ousía. " 

"Aristóteles no cree en otro mundo ideal, sino que afirma que los conceptos, las llamadas ideas, están realmente en nuestro mundo. Es decir, que existes individuos, cosas, objetos, y a partir de éstos, tratando de encontrar sus semejanzas, nuestra mente es la que busca el concepto y la que lo crea. El concepto no está en otro lugar ideal sino en nuestra capacidad de pensar sobre la diversidad del mundo." 

"Aristóteles define al hombre como un animal racional y político, que son sus dos rasgos fundamentales. Nos distinguimos por la razón, porque somos capaces de pensar y de reflexionar acerca de lo que hacemos y sobre todo de asombrarnos, que junto al preguntarnos "por qué" es el principio de la filosofía. Y luego, somos animales políticos, es decir, tenemos que habitar en una polis con los demás. No hay individuos que puedan vivir solos porque todos tenemos lenguaje, somos simbólicos y, por tanto, un ser que tiene un lenguaje que él no ha inventado, necesita de los otros seres para compartir ese mundo de símbolos con ellos." 

"A Aristóteles le gustaba dar clases por la mañana a sus alumnos más avanzados, paseando por los senderos del lugar. Como en griego paseo o lugar de paseo de dice peripatos, los asistentes a esas clases fueron llamados "peripatéticos".

"Aristóteles aportó una ciencia, un área de conocimiento nuevo, que es la ética. La palabra ética juega con los dos acepciones que tiene en idioma grietó (carácter y costumbre), puesto que ambas se diferencian sólo por un acento. Así, en griego, podemos decir que el carácter, en el sentido del propio talante (êthos) deriva del modo de vida adquirido por el hábito (éthos)."

"Para Aristóteles, la ética es una reflexión sobre la acción humana en búsqueda de la libertad. Y para ello, dice, tenemos que intentar desarrollar las virtud, es decir, los hábitos que nos dan fuerza, que nos ayudan a vivir mejor. No olvidemos que la palabra latina "virtud" viene de vir, que significa virilidad, fuerza, excelencia. de modo que la virtud es lo que nos da fuerza frente a la debilidad, que es el vicio. La virtud es lo que aumenta nuestra fortaleza y por tanto nuestra capacidad de alcanzar la felicidad." 

miércoles, 27 de junio de 2012

Platón


Extraído del libro Fernando Savater. La Aventura de Pensar. Algunas ideas de Platón para acercarnos al a filosofía. Recomendamos este libro ampliamente para quienes acercarse a este campo fundamental para la reflexión y el desarrollo de las ideas. No hay educación completa, sin filosofía. 

PLATÓN 

"Platón, como discípulo de Sócrates había heredado de su maestro la búsqueda conceptual y la exigencia ética. Pero Sócrates fue víctima de acusaciones absurdas y finalmente resultó condenado a suicidarse mediante envenenamiento el año 399 a.C." 

"Platón escandalizado por el proceso a su maestro y preocupado por lo que consideraba una crisis moral y política ateniense, puso toda su energía en tratar de establecer entre sus conciudadanos un ideal de justicia y de respeto por la verdad. Para ello fundó la célebre Academia, destinada a ofrecer educación filosófica a los futuros políticos y gobernantes, y escribió un gran número de bellísimos diálogos donde abordaba diferentes problemas filosóficos."

"La forma que tiene un ser humano de liberarse es entregarse al pensamiento y salir a mirar las ideas. Es experiencia de liberación es lo que Platón muestra en su Apología cuando Sócrates, a punto de ser condenado a muerte, dice: "Una vida sin examen no merece la pena ser vivida". Se refiere a una vida sin romper la rutina con las sobras y sin salir a buscar las ideas. Ese es el criterio filosófico a partir del cual nace el pensamiento occidental.  

martes, 19 de junio de 2012

¿Qué vas a leer este verano?



Puede ser que uno se vaya de vacaciones o sea uno de los rezagados que se queda en la ciudad mientras los demás montan en Facebook sus fotos de playa. A lo mejor te tocó quedarte (ya me ha pasado dos veces) esperando la llegada de un nuevo bebé, o porque sencillamente el cochinito ya no daba para más entre el viaje que quiere hacer en diciembre, las cuotas del carro y el plan sorpresa que te salió en Semana Santa. 

Si decides irte o quedarte, o si no tienes más remedio que seguir la corriente, sea cómo sea, el verano siempre ha sido un buen momento de lectura. Entre otras cosas porque es cuando Hollywood decide sacar las películas más taquilleras y aunque a uno a veces le provoque ver una película de un robot que salva al mundo de los planes malignos salidos de los circuitos de otro robot que fue un niño no amado por sus padres, la verdad es que estos meses nos dejan con mucho tiempo entre manos. 

Así que en tu casa solitaria, en la sala de espera del doctor o del aeropuerto, no hay nada mejor que hacerse una buena lista de libros para el verano y regresar en septiembre con ganas de recomendar y seguir leyendo. 

Aquí hacemos una propuesta. Que además es útil para los adolescentes, quizás uno de los grupos más ociosos durante el verano. La lista es suficientemente corta como para no perderse, pero extensa como para que sea casi imposible leerlos todos. Pero las listas ayudan. 

ENSAYO

La civilización del Espectáculo de Mario Vargas Llosa 
¿Por qué leer a los clásicos? De Italo Calvino 
La Historia Comienza, de Amos Oz

CUENTO 

Casa Tomada y otros cuentos de Julio Cortázar (serie roja Alfaguara) 
El Elefante Desaparece de Haruki Murakami 
Relatos Escalofriantes de Roald Dahl 
Voces Griegas, Beatrice Macini

NOVELA

El Guardián Entre el Centeno de J.D Salinger 
El Diario de Anna Frank 
El Imperio eres Tú de Javier Moro
Farenheit 451, de Ray Bradbury 
Nueve Cuentos, de J.D. Salinger
Reckless, de Cornelia Funke 
El Hereje, de Miguel Delibes 
El Túnel, de Ernesto Sábato 
La Letra Escarlata, de Nathaniel Hawthorne 
La Granja Animal, de George Orwell 
La Novela del Ajedrez de Stephan Sweig


CRÓNICA 

Antología de crónica latinoamericana actual, Darío Jaramillo Agudelo, ed. 
El Mundo Según Cabrujas

domingo, 17 de junio de 2012

Reto Literario 2012


Lamentablemente suele suceder que libros que fueron escritos hace años se le presentan al lector de hoy en día como algo difícil de atacar. Casi da nervios y uno a veces se pregunta, ¿para qué leer a los clásicos cuando hay tantos libros buenos hoy en día? ¿Cómo poner a competir la trilogía Milenium con Don Quijote de la Mancha? O peor, ¿cómo poner a competir una novela colosal, de más de mil páginas con una serie de televisión en la que mujeres esculturales y hombres fornidos salen semidesnudos y nos hacen reír?

Una de las cosas que nos proponemos es romper el mito de que los clásicos de la literatura son aburridos. Uno se pone a ver, y un poema épico, cargado de batallas, de promesas de venganza, de dioses, semidioses, traiciones, celos, y sí, aunque usted no lo crea, sexo, puede ser muy profundo, y estar cargado de contenido filosófico, pero eso no quiere decir que sea aburrido. Todo lo contrario. Si algo tienen las experiencias culturales profundas es que son intensas, y más bien a veces nos dejan agotados, con ganas de pasear un rato por lo banal, pero lo bueno es que una vez que uno muerde la manzana de un clásico, se queda con ganas de más. Uno descubre otros horizontes. Empieza a pensar de forma distinta. En otras palabras, uno se educa. Uno evoluciona. 

Ese es el poder de un clásico. Por eso se llaman clásicos. No todos los libros pueden llevarnos hasta ese punto. Lo que no quiere decir que uno libro que no nos mueve las bases de la identidad y de nuestra filosofía de vida sea malo. En absoluto. En la vida de un lector, también hace falta el equilibrio. 

Después del Reto La Montaña Mágica si algo nos quedó claro es que los clásicos son una parte fundamental de la cultura. Sin ellos es imposible trascender, como lectores, pero sobre todo como personas. También nos quedó claro que mil páginas no son nada cuando la obra es buena, cuando el narrador es un maestro, cuando la historia nos envuelve. Del Reto La Montaña Mágica, pasamos al Maratón de Lectura de la Montaña Mágica, porque lo que sucede con la primera lectura es que uno siente que leerla una vez es casi como no haberla leído. 

Entonces, planificando nuestro año de lectura pensamos que para octubre, con el arranque del año escolar quisiéramos arranchar otro reto. Otro clásico. Vamos a hacer una lista de posibles lecturas, y escoger entre nuestros lectores la obra a leer. ¿Te animas a proponer algo? Aquí algunos nominados: 

-          Don Quijote de La Mancha, de Miguel de Cervantes
-          Los Hermanos Karamazov, de Fiodor Dostoyevski
-          La Odisea, de Omero
-          La Divina Comedia, de Dante
-          Robinson Crusoe, de Daniel Defoe
-          Los Viajes de Gulliver, de Johnattan Swift
-          La Vida es Sueño, Calderón de la Barca
-          Fausto, Johan Wolfgang Von Goethe
-          Frankentein, Mary Shelly
-          Huckleberryfin, de Mark Twain
-          El Libro del Desasosiego, Fernando Pessoa
-          El Retrato de Dorian Gray, Oscar Wilde
-          Fortunata y Jacinta, de Benito Pérez Galdos
-          Rayuela, de Julio Cortázar

miércoles, 6 de junio de 2012

Casa Tomada. Autor: Julio Cortázar


Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la más ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.
Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. Hacíamos la limpieza por la mañana, levantándonos a las siete, y a eso de las once yo le dejaba a Irene las ultimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. Almorzábamos al mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos platos sucios. Nos resultaba grato almorzar pensando en la casa profunda y silenciosa y cómo nos bastábamos para mantenerla limpia. A veces llegábamos a creer que era ella la que no nos dejó casarnos. Irene rechazó dos pretendientes sin mayor motivo, a mí se me murió María Esther antes que llegáramos a comprometernos. Entramos en los cuarenta años con la inexpresada idea de que el nuestro, simple y silencioso matrimonio de hermanos, era necesaria clausura de la genealogía asentada por nuestros bisabuelos en nuestra casa. Nos moriríamos allí algún día, vagos y esquivos primos se quedarían con la casa y la echarían al suelo para enriquecerse con el terreno y los ladrillos; o mejor, nosotros mismos la voltearíamos justicieramente antes de que fuese demasiado tarde.
Irene era una chica nacida para no molestar a nadie. Aparte de su actividad matinal se pasaba el resto del día tejiendo en el sofá de su dormitorio. No sé por qué tejía tanto, yo creo que las mujeres tejen cuando han encontrado en esa labor el gran pretexto para no hacer nada. Irene no era así, tejía cosas siempre necesarias, tricotas para el invierno, medias para mí, mañanitas y chalecos para ella. A veces tejía un chaleco y después lo destejía en un momento porque algo no le agradaba; era gracioso ver en la canastilla el montón de lana encrespada resistiéndose a perder su forma de algunas horas. Los sábados iba yo al centro a comprarle lana; Irene tenía fe en mi gusto, se complacía con los colores y nunca tuve que devolver madejas. Yo aprovechaba esas salidas para dar una vuelta por las librerías y preguntar vanamente si había novedades en literatura francesa. Desde 1939 no llegaba nada valioso a la Argentina.
Pero es de la casa que me interesa hablar, de la casa y de Irene, porque yo no tengo importancia. Me pregunto qué hubiera hecho Irene sin el tejido. Uno puede releer un libro, pero cuando un pullover está terminado no se puede repetirlo sin escándalo. Un día encontré el cajón de abajo de la cómoda de alcanfor lleno de pañoletas blancas, verdes, lila. Estaban con naftalina, apiladas como en una mercería; no tuve valor para preguntarle a Irene qué pensaba hacer con ellas. No necesitábamos ganarnos la vida, todos los meses llegaba plata de los campos y el dinero aumentaba. Pero a Irene solamente la entretenía el tejido, mostraba una destreza maravillosa y a mí se me iban las horas viéndole las manos como erizos plateados, agujas yendo y viniendo y una o dos canastillas en el suelo donde se agitaban constantemente los ovillos. Era hermoso.
Cómo no acordarme de la distribución de la casa. El comedor, una sala con gobelinos, la biblioteca y tres dormitorios grandes quedaban en la parte más retirada, la que mira hacia Rodríguez Peña. Solamente un pasillo con su maciza puerta de roble aislaba esa parte del ala delantera donde había un baño, la cocina, nuestros dormitorios y el living central, al cual comunicaban los dormitorios y el pasillo. Se entraba a la casa por un zaguán con mayólica, y la puerta cancel daba al living. De manera que uno entraba por el zaguán, abría la cancel y pasaba al living; tenía a los lados las puertas de nuestros dormitorios, y al frente el pasillo que conducía a la parte más retirada; avanzando por el pasillo se franqueaba la puerta de roble y mas allá empezaba el otro lado de la casa, o bien se podía girar a la izquierda justamente antes de la puerta y seguir por un pasillo más estrecho que llevaba a la cocina y el baño. Cuando la puerta estaba abierta advertía uno que la casa era muy grande; si no, daba la impresión de un departamento de los que se edifican ahora, apenas para moverse; Irene y yo vivíamos siempre en esta parte de la casa, casi nunca íbamos más allá de la puerta de roble, salvo para hacer la limpieza, pues es increíble cómo se junta tierra en los muebles. Buenos Aires será una ciudad limpia, pero eso lo debe a sus habitantes y no a otra cosa. Hay demasiada tierra en el aire, apenas sopla una ráfaga se palpa el polvo en los mármoles de las consolas y entre los rombos de las carpetas de macramé; da trabajo sacarlo bien con plumero, vuela y se suspende en el aire, un momento después se deposita de nuevo en los muebles y los pianos.
Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias inútiles. Irene estaba tejiendo en su dormitorio, eran las ocho de la noche y de repente se me ocurrió poner al fuego la pavita del mate. Fui por el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta al codo que llevaba a la cocina cuando escuché algo en el comedor o en la biblioteca. El sonido venía impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oí, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tiré contra la pared antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad.
Fui a la cocina, calenté la pavita, y cuando estuve de vuelta con la bandeja del mate le dije a Irene:
-Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado parte del fondo.
Dejó caer el tejido y me miró con sus graves ojos cansados.
-¿Estás seguro?
Asentí.
-Entonces -dijo recogiendo las agujas- tendremos que vivir en este lado.
Yo cebaba el mate con mucho cuidado, pero ella tardó un rato en reanudar su labor. Me acuerdo que me tejía un chaleco gris; a mí me gustaba ese chaleco.
Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado en la parte tomada muchas cosas que queríamos. Mis libros de literatura francesa, por ejemplo, estaban todos en la biblioteca. Irene pensó en una botella de Hesperidina de muchos años. Con frecuencia (pero esto solamente sucedió los primeros días) cerrábamos algún cajón de las cómodas y nos mirábamos con tristeza.
-No está aquí.
Y era una cosa más de todo lo que habíamos perdido al otro lado de la casa.
Pero también tuvimos ventajas. La limpieza se simplificó tanto que aun levantándose tardísimo, a las nueve y media por ejemplo, no daban las once y ya estábamos de brazos cruzados. Irene se acostumbró a ir conmigo a la cocina y ayudarme a preparar el almuerzo. Lo pensamos bien, y se decidió esto: mientras yo preparaba el almuerzo, Irene cocinaría platos para comer fríos de noche. Nos alegramos porque siempre resultaba molesto tener que abandonar los dormitorios al atardecer y ponerse a cocinar. Ahora nos bastaba con la mesa en el dormitorio de Irene y las fuentes de comida fiambre.
Irene estaba contenta porque le quedaba más tiempo para tejer. Yo andaba un poco perdido a causa de los libros, pero por no afligir a mi hermana me puse a revisar la colección de estampillas de papá, y eso me sirvió para matar el tiempo. Nos divertíamos mucho, cada uno en sus cosas, casi siempre reunidos en el dormitorio de Irene que era más cómodo. A veces Irene decía:
-Fijate este punto que se me ha ocurrido. ¿No da un dibujo de trébol?
Un rato después era yo el que le ponía ante los ojos un cuadradito de papel para que viese el mérito de algún sello de Eupen y Malmédy. Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar.
(Cuando Irene soñaba en alta voz yo me desvelaba en seguida. Nunca pude habituarme a esa voz de estatua o papagayo, voz que viene de los sueños y no de la garganta. Irene decía que mis sueños consistían en grandes sacudones que a veces hacían caer el cobertor. Nuestros dormitorios tenían el living de por medio, pero de noche se escuchaba cualquier cosa en la casa. Nos oíamos respirar, toser, presentíamos el ademán que conduce a la llave del velador, los mutuos y frecuentes insomnios.
Aparte de eso todo estaba callado en la casa. De día eran los rumores domésticos, el roce metálico de las agujas de tejer, un crujido al pasar las hojas del álbum filatélico. La puerta de roble, creo haberlo dicho, era maciza. En la cocina y el baño, que quedaban tocando la parte tomada, nos poníamos a hablar en voz más alta o Irene cantaba canciones de cuna. En una cocina hay demasiados ruidos de loza y vidrios para que otros sonidos irrumpan en ella. Muy pocas veces permitíamos allí el silencio, pero cuando tornábamos a los dormitorios y al living, entonces la casa se ponía callada y a media luz, hasta pisábamos despacio para no molestarnos. Yo creo que era por eso que de noche, cuando Irene empezaba a soñar en alta voz, me desvelaba en seguida.)
Es casi repetir lo mismo salvo las consecuencias. De noche siento sed, y antes de acostarnos le dije a Irene que iba hasta la cocina a servirme un vaso de agua. Desde la puerta del dormitorio (ella tejía) oí ruido en la cocina; tal vez en la cocina o tal vez en el baño porque el codo del pasillo apagaba el sonido. A Irene le llamó la atención mi brusca manera de detenerme, y vino a mi lado sin decir palabra. Nos quedamos escuchando los ruidos, notando claramente que eran de este lado de la puerta de roble, en la cocina y el baño, o en el pasillo mismo donde empezaba el codo casi al lado nuestro.
No nos miramos siquiera. Apreté el brazo de Irene y la hice correr conmigo hasta la puerta cancel, sin volvernos hacia atrás. Los ruidos se oían más fuerte pero siempre sordos, a espaldas nuestras. Cerré de un golpe la cancel y nos quedamos en el zaguán. Ahora no se oía nada.
-Han tomado esta parte -dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta la cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovillos habían quedado del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo.
-¿Tuviste tiempo de traer alguna cosa? -le pregunté inútilmente.
-No, nada.
Estábamos con lo puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora.
Como me quedaba el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche. Rodeé con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimos así a la calle. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.

lunes, 28 de mayo de 2012

Siete Ratones Ciegos de Ed Yong


Siete Ratones Ciegos de Ed Youg, editado por Ekaré en Venezuela es uno de nuestros libros favoritos. Son muchas las cosas que se pueden hacer con este libro, que se puede utilizar en el aula, en la casa, a la hora de dormir, para jugar juegos. Son siete ratones ciego a través del tacto van explorando una figura, una forma (no vamos a revelar de qué) y a medida que la van tocando van imaginando distintas cosas, hasta que al final la descubren. 

Es un libro que nos deja pensando sobre lo que vemos, lo que percibimos, lo que apreciamos cuando tenemos al alcance tan solo un pedazo de la realidad. Lo importante que es ver con mucho más que la mirada. La historia va yuxtaponiendo lo que los ratones hacen en realidad, versus lo que imaginan al sentir la forma que exploran. ¿Cuántas veces no nos pasa eso en nuestra vida de adultos? 

Además de eso el libro es maravilloso para trabajar con los pitoquitos de la casa los colores, las figuras geométricas, los animales. Los niños se enamoran de estos siete ratones de colorinches, que a la primera leída se convierten en los consentidos de la biblioteca. 

Al ver este libro no queda lugar a duda por qué Ed Young es uno de los consentidos del New York Times, que lo ha colocado entre los Dies Mejores Ilustradores. 

lunes, 21 de mayo de 2012

Twitter Club de Lectura




Vuelve esta iniciativa para impulsar la lectura a través de las redes sociales. La meta es conectar a la gente a través de Twitter con textos no muy extensos, en su mayoría relatos cortos y crónicas. Buscamos que los lectores den el paso más importante al leer, que es pensar sobre lo que se ha leído, construir opiniones, reflexionar y escuchar el punto de vista de otros lectores, cosa que siempre nutre el proceso interno de cada lector. Es por ello que formar parte de un círculo de lectura, es fundamental.

Para participar lo único que hay que tener es una cuenta de twitter. Ese día nos conectaremos a lo largo de la jornada para discutir el libro. Así mismo haremos una publicación en el blog y en nuestra página de Facebook con el fin de que cada quien exprese su opinión sobre el texto en cuestión.

Los clubes o círculos de lectura son claves para ver la lectura como un proceso creativo, de crecimiento tanto interno como externo. Además son un estímulo para leer textos que quizás dejamos de lado por falta de tiempo o por tener sobre la mesa de noche otras prioridades que van desde el trabajo, hasta las responsabilidades del hogar, incluso la prensa a veces estorba a la hora de abrir un clásico, un cuento o una novedad que tenemos ganas de leer para la que no hacemos el tiempo.

El Twitter Club de Lectura aparece de nuevo como un estímulo. Invitamos a todos nuestros seguidores a participar.

Este es el cronograma con las obras de junio:


- Casa Tomada. De Julio Cortázar.  6 de Junio
- El Sabor de la Muerte de Juan Villoro (crónica) 13 de Junio
- La Civilización del Espectáculo de Mario Vargas Llosa 20 de Junio
- Un Alma de Dios de Gustave Flaubert 27 de Junio